En lo peor de la pandemia, cuatro hospitales de referencia confiaron en UAP para proteger el aire de sus equipos.
En la primavera de 2020, cuando los hospitales españoles estaban en el epicentro de la primera ola del coronavirus, UAP instaló sus primeros purificadores de aire en cuatro grandes hospitales de Madrid y Valencia. No fue el momento más fácil para arrancarse. Fue exactamente el momento adecuado.
El contexto: un reto que nadie había enfrentado antes
En 2020 no existía un protocolo establecido sobre cómo gestionar la calidad del aire en un entorno hospitalario durante una pandemia de transmisión aérea. Los comités de seguridad clínica improvisaban sobre la marcha. Las dudas eran muchas: ¿cómo garantizar que las salas de espera, los pasillos y los boxes de triaje no se convirtieran en focos de transmisión viral entre pacientes y personal sanitario?
La evidencia científica apuntaba rápidamente a que el SARS-CoV-2 se transmitía fundamentalmente por aerosoles. Y eso convertía la calidad del aire interior —hasta entonces un problema secundario para la mayoría de los gestores hospitalarios— en una cuestión de vida o muerte.
"Nos llegaron peticiones de varios hospitales al mismo tiempo. Estábamos en pleno confinamiento, y aun así nos pusimos en marcha porque sabíamos que nuestra tecnología podía ayudar. Era el momento para el que habíamos diseñado estos equipos."
— Joaquín Cusí, CEO y Fundador de UAP
Los cuatro hospitales de la primera oleada
Entre la primavera y el verano de 2020, UAP instaló sus sistemas de purificación en cuatro hospitales de referencia nacional:
Los cuatro son hospitales de más de 800 camas, con miles de trabajadores y miles de pacientes que circulaban diariamente por sus instalaciones. La decisión de confiar en UAP fue, en todos los casos, una decisión tomada con urgencia, pero no sin rigor.
¿Qué se instaló y dónde?
La estrategia de despliegue en todos los casos se centró en los puntos de mayor riesgo de transmisión y mayor densidad de personas. No en las UCI —que ya tenían sistemas de presión negativa—, sino en los espacios que suelen pasarse por alto:
- Salas de espera de urgencias, donde pacientes con síntomas respiratorios se concentraban sin ventilación efectiva.
- Pasillos y zonas de paso entre módulos de hospitalización.
- Boxes de triaje, donde el personal tenía contacto cercano y continuado con pacientes sintomáticos.
- Zonas de descanso del personal sanitario, a menudo pequeñas y mal ventiladas.
En todos los casos, los dispositivos UAP se instalaron sin obra ni reforma: plug & play, operativos en menos de dos horas desde su llegada al hospital.
¿Por qué funcionó? La tecnología detrás del resultado
Los purificadores UAP instalados en los hospitales incorporaban filtración HEPA H14, el estándar más exigente disponible para entornos sanitarios. Un filtro HEPA H14 retiene el 99,995% de las partículas de 0,3 µm —el tamaño crítico para capturar virus y bacterias en suspensión.
La clave no fue solo el filtro. Fue la combinación de tres factores:
- Caudal de aire elevado: los dispositivos mueven grandes volúmenes de aire, garantizando múltiples renovaciones por hora en cada sala.
- Captación por la parte inferior: donde se concentran los aerosoles, al ser más pesados que el aire limpio.
- Impulsión dirigida: el aire limpio se proyecta hacia zonas de ocupación, creando una corriente que desplaza el aire contaminado hacia los filtros.
Lo que aprendimos: el aire interior como prioridad sanitaria
La pandemia de COVID-19 fue un punto de inflexión en la forma en que instituciones, gestores y ciudadanos entienden la calidad del aire interior. Lo que antes era un tema técnico y secundario se convirtió en cuestión de primer orden.
Para UAP, las instalaciones de 2020 en los cuatro hospitales fueron algo más que proyectos: fueron la validación definitiva de que la tecnología funcionaba en las condiciones más extremas y exigentes posibles. Hospitales de referencia con comités de seguridad rigurosos, expuestos a un patógeno desconocido, eligieron UAP cuando más lo necesitaban.
"Cuando un hospital como La Paz o el Gregorio Marañón confía en tu tecnología en plena pandemia, sin margen de error, eso te dice que la tecnología funciona. Y que el problema del aire interior existe, es grave, y tiene solución."
— Equipo UAP
El sector sanitario, hoy
Después de la pandemia, muchos hospitales y centros de salud mantuvieron las instalaciones UAP en operación permanente. La justificación se amplió: más allá del COVID, los entornos hospitalarios tienen otros retos permanentes de calidad del aire que la tecnología resuelve:
- Reducción de bacterias multirresistentes en suspensión (IRAS — Infecciones Relacionadas con la Asistencia Sanitaria).
- Control de partículas en áreas de quirófano y UCI, donde la normativa ISO exige niveles estrictos de limpieza de aire.
- Protección de pacientes inmunodeprimidos en plantas de oncología y trasplantes.
- Cumplimiento de la nueva Directiva UE 2881/2024 de calidad del aire interior, que aplica también a centros sanitarios.
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